Tras leer un libro referente a la historia de las principales religiones de la humanidad, me pregunto qué podría haber aportado la inteligencia emocional a dichos inicios. Si no eran esos líderes poseedores de ella o si esta temática es parte de la psicología más ancestral de la realidad de las sociedades.
Me imagino que tener inteligencia emocional significa gobernar adecuadamente nuestros sentimientos y emociones y no dejarse llevar por su impulsividad, saber relacionarse con los demás e interpretar sus sentimientos, es decir, tener empatía.
Las personas que han desarrollado positivamente sus habilidades emocionales tienen mayor autoestima, son más asertivas y socialmente con mayor capacidad de adaptación. Por el contrario, las personas que no controlan su vida emocional mantienen una lucha interna que confronta el concepto de sí mismos y disminuye su capacidad de resolver satisfactoriamente los desafíos diarios de la vida.
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