Frente al mar

Frente al mar. Frente al mar y sentados en una terraza algo elevada de un restaurante. Pero cuando digo frente al mar, no es que viéramos el mar a lo lejos. Me refiero a que el mar llegaba hasta los cimientos de la terraza, junto a los que había un pequeño espacio de arena donde los bañistas descansaban entre chapuzón y chapuzón. Así que, tal vez, además de frente al mar sería conveniente decir que estábamos casi, casi, encima de él.
 
Encima del mar. Sentados y mirando el horizonte marino y a los niños que se bañaban a ¿cuántos? ¿tal vez a cinco metros de nosotros? ¿A seis? En cualquier caso, muy cerca. Un día excepcional, con el sol justo y la temperatura agradable. Eso sí, hambrientos. Estábamos hambrientos porque ya era algo tarde y no habíamos comido desde el desayuno. Miramos la carta y nos decidimos por un par de platos y bebida. Misión cumplida: relax, paisaje de lujo y, pronto, comida y cervezas. 
 
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