La posibilidad perdida

Envueltas en una derrota permanente, las casas de El Toscal apenas respiran ya. Vestidas con harapos desteñidos y rotos, agachan la cabeza y fijan su mirada en el suelo, como avergonzadas de su destino o resignadas con su presente. El Toscal es el barrio de Santa Cruz de Tenerife en el que un día puse toda mi fe. El barrio al que siempre consideré como la gran oportunidad de la ciudad para ser ella misma. Sin embargo, con el paso de los años, ya lo doy por imposible. Las casas de El Toscal contagian bien su fracaso. 
 
A falta de un casco histórico que mostrar a los turistas, este barrio chicharrero se podría haber convertido en algo parecido a lo que tienen otras urbes turísticas. La arquitectura que muestran muchos de sus edificios, sus calles estrechas que suplican una peatonalización por caridad, sus encantadoras ciudadelas repletas de historia, sus callejones escondidos, sus vecinos, sus ventitas, sus tímidos nuevos negocios, sus prisas y sus pausas, su ubicación… todo en él está preparado para emerger. Sin embargo, no lo hace. No lo dejan o no quiere. Tal vez ya no tiene fuerzas. Quizás lo amedrentan. Quién sabe. 
 
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