Estamos en temporada de prácticas del alumnado de FPE (Formación Profesional para el Empleo), y esto es motivo de orgullo por mi parte, porque los veo a todos y todas todas desempeñando las funciones en los hoteles, con nerviosismo, con ilusión, con incertidumbre, con ganas de demostrar a los tutores de cada empresa lo que han aprendido, lo que son capaces de hacer, lo que valen… que la gran mayoría de las veces, es muchísimo.
Y me toca quedarme en un segundo plano dejándolos ‘volar’, que sean ellos los que dejen huella en donde estén, aunque siempre me tienen al otro lado del teléfono. Prefiero que este nuevo mundo para muchos les haga darse cuenta de todo lo bueno de la restauración, que sepan que la exquisitez de un servicio depende de la voluntad de que ellos lo sientan real. Es curioso, porque muchos de estos alumnos y alumnas podrían ser mis padres y madres por cuestiones de edad, pero siento estar en una posición de protección y ayuda cada vez que se dan estas situaciones. Cosas de la vida.
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