Me propongo hoy afrontar un tema espinoso de todo este análisis que vengo realizando sobre Puerto de la Cruz y no quiero herir sensibilidades ni que se me malinterprete. Comenté anteriormente que el pecado original de Puerto de la Cruz es haber querido ser un destino de sol y playa contando con poco sol y menos playa. Este argumento no tiene que ver con lo que esta ciudad tiene o no tiene. Sus condiciones climáticas, orográficas y paisajísticas son ciertamente excepcionales y su capacidad para atraer turistas está suficientemente acreditada. Pero no se trata de eso; en teoría cualquier lugar del mundo puede ofrecer un mix de recursos susceptible de atraer turistas; el problema está en cuántos turistas y de qué tipo van a buscar una experiencia en ese lugar.
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