Hace unos días leía unas declaraciones de la delegada del Gobierno en Canarias, María del Carmen Hernández Bento, en las que indicaba que no le parecía un disparate pagar 400 euros por un billete de avión entre la Península y Canarias (sin descuento de residente), y que esa no podía ser una causa para achacar al turismo nacional que haya dejado de volar a las Islas. La verdad es que no supe qué pensar: si que la delegada había sido contratada por una línea aérea, o bien que no ha analizado las tarifas que existen desde la Península para volar a cualquier otro destino que no sean las islas y que estén dentro de un radio de acción de unos 2.000 o 3.000 kilómetros, como Canarias.
No hace mucho, y hablo de dos años, teníamos tres compañías nacionales volando de forma continua desde el territorio peninsular a Canarias (Iberia, Air Europa y Spanair), y eso nos permitía estar conectado con las tres principales alianzas aéreas del mundo (OneWorld, Skyteam y Star Alliance). Vueling era todavía un experimento para vuelos nacionales y Ryanair iba como siempre, a su ritmo, principalmente desde Tenerife Sur. Pero desde el cierre de Spanair todo cambió: Iberia y Air Europa subieron los precios de forma inmediata (que nadie me diga lo contrario que lo viví en primera persona), y las frecuencias de vuelos con la Península pasaron a un nivel que no se recordaba desde hace años. Para completar este panorama, IAG empieza a desmontar Iberia y mandan a las islas principales solo los nuevos aviones de su low cost, Iberia Express, por lo que aquello de volar en el A340 a Madrid pasa a ser un recuerdo de los más viejos, y eso que ese avión se llenaba fuera la hora que fuera.
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