Hubo un tiempo en que la gente bien se iba a San Sebastián (no, no en La Gomera, el otro) de vacaciones. La promoción turística no se estilaba por entonces pero bastaba saber que la alta sociedad estaba allí para que se convirtiese en el destino deseado por todos. De haber existido turismo de masas a finales del XIX, la playa de La Concha estaría a rebosar de chiringuitos.
Los tiempos cambiaron pero hubo destinos turísticos que comprendieron el valor inestimable de la promoción de visitantes más o menos ilustres. Hoy la ‘jetset’ marbellí puede resultarnos un horror, pero la localidad malagueña le debe mucho a aquella mezcla de príncipes sin trono, jeques sin obligaciones y vividores sin vergüenza que ilustraban las revistas del corazón.





















