Pocas veces una noticia, que por fortuna no lo fue, habrá provocado tanta repercusión. Y pocas veces un protocolo de comunicación habrá provocado una crisis comunicativa, precisamente por su buen funcionamiento. A las tres de la tarde del pasado 27 de marzo el Servicio de Emergencias del Gobierno de Canarias comunicaba la caída al mar de un avión de pasajeros tras la confirmación de AENA. Minutos después, el propio 112 desmentía la noticia para alivio de todos. La paradoja está en que la crisis de comunicación a la que se enfrentó el servicio de emergencias canario derivó justamente del rápido funcionamiento de sus protocolos de comunicación.
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