Para muchas personas cocinar es un arte, un empeño en desarrollar todos los sentidos, porque cuando un plato llega a la mesa comienzan a desarrollarse sensaciones: vemos el plato, las formas, los colores, olemos el aroma que desprende… En ocasiones, incluso, oímos si aún chisporrotea por lo recién hecho que puede estar y seguidamente degustamos. Esto es lo que ocurre cuando llegas a una sala en la que un instante parece que estás en el comedor de un barco de lujo.
Esto fue exactamente lo que me ocurrió cuando me encontré con el que considero el mejor cocinero que he conocido o, por lo menos, el que realmente me sorprende: Rubén Cabrera. Y no lo digo solo yo, pues hasta el mismísimo Paco Roncero le preguntó durante una jornada gastronómica que compartimos cómo se le había ocurrido hacer un huevo relleno de un espléndido foie y ser totalmente comestible (incluso la cáscara). Me gustaría destacar que el señor Roncero, como mero apunte, es el responsable de las cenas solidarias que organiza Elton John.
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