Desde hace ya un tiempo, Canarias está viviendo una bonanza turística que roza récords históricos y, en algunos casos, los supera ampliamente. Si a ocupaciones nos referimos, los índices son la envidia mundial: doble temporada, amplia segmentación de mercados, planta hotelera más que generosa en número de establecimientos y camas, etcétera. Todo felicidad.
Si hablamos de ingresos, ya la felicidad no parece ser tan generalizada: precios firmados con tanta anticipación que no se pueden prever acontecimientos, presión constante de la turoperación, lenta integración eficaz en nuevos canales de distribución…
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